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Efemérides del Mes
EFEMÉRIDES ENERO 2021
 
Cuando comenzamos un nuevo año con esperanzas de un Chile mejor, en paz y tranquilidad, conmemoramos el natalicio de uno de los grandes en la historia de Chile, nuestro General invicto, el gran
MANUEL JESÚS BAQUEDANO GONZÁLEZ
 
No es coincidencia que el mismo día en que ponemos todos nuestros buenos deseos para la patria, sea el mismo día en que nace quien vivió para ella, para nuestra bandera, para sus soldados y familias y para sus conciudadanos
 
Nació en Santiago el 01 de Enero de 1823.
Hijo del general Fernando Baquedano y doña Teresa González
A los 15 años, en la campaña del Perú de 1838-39, se incorporó al ejército con el grado de alférez, después de haber llegado al país del Rímac de polizón en un buque, siguiendo a su padre que era general de ejército.
Siempre en caballería continuó Baquedano pres¬tando sus servicios, en los que se distinguió siempre por su disciplina y por su consagración exclusiva a la carrera militar.
Durante la guerra civil de 1851, que era ya capitán fue ascendido a sargento mayor por el valor desplegado en la sangrienta batalla de Loncomilla.
Por causas políticas, separado del servicio en 1854, bajo la administración Montt, por lo que se dedicó a las tareas agrícolas.
Vuelve cinco años después al servicio en defensa del mismo gobierno del señor Montt, en la revolución de 1859. Pocos años después se le ascendió a teniente coronel.
Estuvo, como todo militar, en la pacificación de la Araucanía.
Es ascendido a coronel en 1872 y a general de brigada en 1876.
Comienza la guerra del Pacífico como comandante del Regimiento Cazadores a Caballo, su unidad de siempre.
General en jefe del ejército en la campaña de 1880 contra el Perú y Bolivia, conduciendo siempre a sus soldados a la victoria.
Venció en Tacna, en Arica, en los Ángeles, en Chorrillos y en Miraflores, entró a Lima, para poder desde allí anunciar a su Gobierno que había dado término a la difícil y gloriosa campaña encomendada a su valor y a su pericia.
Terminada la guerra y promovido al empleo de general de división, el general Baquedano volvió a Chile, en donde se le hizo una grandiosa ovación y recibimiento.
En la revolución de 1891, ya viejo, y separado del mando activo, prefirió asumir una actitud tranquila y expectable, que le ha servido, sin duda, para conservar hasta su muerte, el mismo prestigio de que, ya en 1891 vivía rodeado.
Al terminar la renovación y antes de que el ejército victorioso y la Junta de Gobierno pudieran trasladarse a Santiago, fue designado el general Baquedano para que asumiera en esos días la Magistratura Suprema de la República.
Muere soltero y rodeado por el cariño de sus soldados el 30 de Septiembre de 1897.
 
Por Mauricio Pelayo González
 
Un hombre solo muere cuando se le olvida.....
 
 
 
1 de enero de 1540. Pedro de Valdivia inicia expedición para la conquista de Chile
 
La ambición, la búsqueda de gloria y fama de Pedro de Valdivia lo llevaron a emprender la conquista de Chile, complementados esos intereses con su relación cercana con Francisco Pizarro, gobernador de Lima.
Valdivia nombrado por Pizarro como Teniente Gobernador de Chile y Capitán General de la Fuerza Expedicionaria, haciendo uso de su peculio obtenido de otras conquistas en América, emprendió la conquista, en enero de 1540. También se asoció con Francisco Martínez, español de fortuna, con el que prorratearían los bienes, principalmente oro. En su organización, Valdivia incluyó a Pedro Sancho de La Hoz a quien el rey lo había autorizado a explorar las tierras al sur del estrecho de Magallanes y conferido el título de gobernador de las tierras que allí descubriese. Sancho de la Hoz posteriormente intentó asesinar a Valdivia. 
La expedición de Valdivia se haría en una primera etapa por el desierto y luego en barco desde Tacna. Partió desde Cuzco en enero de 1540, con doce hombres a caballo y un grupo de indios con sus proles; componía también la caravana doña Inés de Suárez. La nave en que se esperaba continuar el itinerario nunca le fue proporcionada a Valdivia desde Perú, por lo que prosiguió igual por tierra como lo había iniciado, a través del desierto. En el camino, algunos aventureros se fueron incorporando a sus huestes. Posteriormente se sumaron hombres más fogueados en las lides de la conquista americana como Francisco de Aguirre, Francisco de Villagra, Rodrigo de Quiroga, Jerónimo de Alderete y el capellán y bachiller Rodrigo González de Marmolejo, religioso dominico español, que más tarde llegó a ser primer obispo de Santiago.
Después de casi un año, en diciembre de 1540, la expedición llegó al valle del río Mapocho. Entonces, el 12 de febrero de 1541 fundó Santiago del Nuevo Extremo.
En febrero de 1546, Valdivia siguió con su propósito conquistador hacia el sur, alcanzando la desembocadura del río Bíobío donde pretendía fundar una ciudad, enfrentado a la hostil rebeldía de los indígenas. Los acontecimientos guerreros lo hicieron volver a Santiago para dirigirse luego a Perú a solicitar más recursos que le permitieran acometer en mejores condiciones la conquista emprendida.
Ya en Perú, luego de una serie de sucesos de orden judicial con ribetes económicos en los que don Pedro estuvo involucrado, logró el apoyo financiero del Virreinato del Perú para continuar con la conquista.
Pedro de Valdivia logró fundar varias ciudades en el sur chileno. Este despliegue de sus fuerzas hizo que la presencia de los conquistadores se viera desfavorecida ante el número, destreza y resistencia de los nativos. 
Pedro de Valdivia fue el fundador de Santiago en 1541, La Serena (1544), Concepción (1550), Valdivia (1552) e Imperial (1552). Además, instruyó la fundación de las ciudades de Villarrica y Los Confines (Angol).
Previo a su deceso, Pedro de la Gasca, tras el asesinato de Francisco Pizarro, en 1548 y a nombre del Rey Carlos V reconoció el título de Gobernador a Valdivia, quedando los límites de su Gobernación desde el paralelo 27 hasta el 41 L.S. y desde la costa, cien leguas hacia el Este, que implicaban unos 600 Km. Tal territorio abarcaba desde el desierto de Atacama hasta la cuadra de Puerto Montt y desde la costa del Pacífico hasta la costa del Atlántico.
 
 03 de enero de 1919 MANUEL ÁVALOS PRADO: Capitán de Ejército.
 
El 03 de enero de 1919, falleció el connotado aviador del Ejército de Chile y primer director de la antigua Escuela Militar de Aeronáutica, actual Escuela de Aviación de la Fuerza Aérea de Chile, Capitán de Ejército don Manuel Ávalos Prado.
 
El Capitán ÁVALOS nació en Santiago, el 02 de agosto de 1886. Fue sobrino y ahijado del General de Ejército, don Arístides PINTO, Jefe del Estado Mayor General e impulsor de la Aeronáutica Militar nacional.
 
En 1904 egresó de la Escuela Militar, con el grado de Alférez en el arma de Artillería, siendo transferido al Regimiento Miraflores. En 1907, obtuvo el grado de teniente 1° y al año siguiente fue nombrado alumno de la Escuela de Caballería.
 
Inició su carrera como Oficial de Ejército el 22 de febrero de 1904, después de haber hecho brillantes estudios en la Escuela Militar. Desde esa fecha hasta febrero de 1911, sirvió en diversas unidades de artillería, arma en la cual llegó a sobresalir como uno de los más preparados oficiales.
 
En febrero de 1911, comienza ya la actuación brillante que le cupo desempeñar en las filas. Comisionado por el gobierno para aprender el arte de volar hasta quedar en condiciones de organizar una Escuela Militar de Aeronáutica en Chile. ÁVALOS se trasladó a Europa e ingresó a diversas escuelas de aviación. Estuvo en la Escuela de Louis Blériot, en Etampes; y del distinguido aviador chileno José Luis SÁNCHEZ Besa. Junto al teniente Armando MOLINA Lavín, fueron los primeros aviadores militares chilenos titulados en dicho país.
 
Pasó después a Alemania, en donde formó parte de la comisión chilena de armamentos, y después de volver a practicar a Francia en algunas escuelas de aviación, regresó al país para dar cumplimiento a la misión que se le había encomendado.
 
Organizada la Escuela de Aeronáutica Militar, creada bajo Decreto Supremo N°187, el 11 de febrero de 1913, el Capitán ÁVALOS fue uno de sus más decididos y entusiastas fundadores, correspondiéndole en tal carácter, por su preparación en el pilotaje, ser su primer director interino.
 
Es importante resaltar que, el día 07 de marzo de 1913, el Capitán ÁVALOS realizó el primer vuelo de un avión militar chileno, un Bleriot de 35HP, bautizado con el nombre de “Chile”. Dicho acontecimiento se realizó desde la antigua Cancha de aterrizaje de Lo Espejo, actual Base Aérea El Bosque.
 
Terminada su misión en la Escuela de Aeronáutica, el Capitán ÁVALOS pasó como alumno de la Academia de Guerra, durante los años 1916 y 1917.
 
A principios de 1918, fue destinado al Regimiento de Artillería “Maturana”, y poco después, en mayo, fue nombrado alumno del curso especial de la Academia de Guerra.
 
En éste último Instituto prestaba sus servicios a la época de su fallecimiento.
 
Lamentablemente, a finales de 1918, una terrible enfermedad se interpondría en su carrera profesional. Con motivo del gran festejo realizado en Santiago, para recibir a Dagoberto GODOY proveniente desde Mendoza, tras haber cruzado la Cordillera de Los Andes. El Capitán ÁVALOS se contagió de Tifus-Exantemático, enfermedad que por aquellos años causó estragos en Santiago.
 
Tras haber sido internado en el Hospital Alemán de Santiago y, de luchar con un cuadro de fiebre alta, falleció en la mañana del viernes 3 de enero de 1919, con tan solo 34 años. Su prematuro deceso quedó en la retina de todos sus camaradas aviadores, ya que Chile había perdido a uno de los precursores de la aeronáutica nacional.
 
El 04 de enero de 1919, pasada las 10:00 AM, se realizó su funeral partiendo el cortejo desde el Hospital Alemán en dirección al Cementerio Católico de Santiago (Recoleta). En la ceremonia fúnebre, estuvo acompañado por una delegación del Regimiento Maturana; de la Escuela de Aeronáutica Militar; autoridades del gobierno; familiares y amigos. Antes de ser sepultado en la bóveda familiar, hizo uso de la palabra el General Carlos HURTADO Wilson, Jefe del Estado Mayor General, (repartición a la cual el Capitán ÁVALOS se le había destinado pocos días antes de su muerte). Además de los capitanes Aníbal GONZÁLEZ y Arturo FUENTES, en nombre de los alumnos de la Academia de Guerra; el Teniente Dagoberto GODOY, en representación de los aviadores militares; Juan GÁLVEZ, por el Aero Club de Chile y Clodomiro FIGUEROA, quien el 1° de enero de 1919 realizó el primer correo aéreo entre Santiago y Valparaíso.
 
En el momento en que el féretro era conducido hacia su nicho, la batería del Regimiento “Maturana” hizo las salvas correspondientes. Acto seguido, una aeronave de la Escuela de Aeronáutica Militar, piloteada por el Teniente Darío AGUIRRE, sobrevoló el lugar lanzando flores.
 
Con el paso de los años, la antigua “Escuela de Aeronáutica Militar”, después de haber sido denominada “Escuela de Aviación” con la creación de la Fuerza Aérea, fue bautizada en diciembre de 1944 con su actual nombre “Capitán Manuel Ávalos Prado”, en honor a su primer director.
 
En la actualidad, los restos del Capitán ÁVALOS descansan en el Mausoleo N°1 de la Fuerza Aérea de Chile, ubicado en el Cementerio General de Santiago. Mientras que, en el Cementerio Católico, es posible encontrar en la bóveda familiar, una placa de bronce con el nombre del Capitán Manuel ÁVALOS Prado, indicando su antiguo lugar de descanso.
 
11 de enero 1912. Ley promulga los colores y dimensiones de la Bandera Nacional
El Ministerio de Guerra, el 12 de enero de 1912, publicó la ley 2597 en el cual se fijan los colores de la bandera de Chile y de la banda presidencial, la colocación de las fajas de que se componen y el tamaño de cada una de éstas con relación a las otras.
Textualmente la ley promulga:
    Las cucardas o escarapelas tendrán: azul el ARTICULO PRIMERO.- La Bandera de la República de Chile, se compondrá de los tres colores azul turquí, blanco i rojo combinados del modo siguiente: la bandera se dividirá en dos fajas horizontales de igual anchura; la faja inferior será roja, i la faja superior será azul en su tercera parte inmediata a la vaina, i blanca en los dos tercios de su vuelo, con una estrella blanca de cinco picos en medio del cuadro azul. El diámetro de la estrella será igual a la mitad de un costado del cuadrado azul.
    Las proporciones de la bandera son: en la vaina, dos tercios de su vuelo.
ART. 2.°- La Banda Presidencial se compondrá de tres fajas horizontales de igual anchura, de las cuales serán: azul la del borde superior, blanca la del centro i roja la faja la del borde inferior.
ART. 3.°- Siempre que los colores nacionales se usen verticalmente, deberán ir: el azul a la izquierda, el blanco al centro, i el rojo a la derecha; i siempre que se usen horizontal o diagonalmente, ocuparán: el azul la parte superior, el blanco el centro i el rojo la parte inferior.
    Las cucardas o escarapelas tendrán: azul el centro, blanca la segunda faja i roja esterior, con una estrella de plata en el centro azul.
    I por cuanto, oído el Consejo de Estado, he tenido a bien aprobarlo i sancionarlo; por tanto, promúlguese i llévese a efecto como lei de la República.
    Santiago, 11 de Enero de 1912.- RAMON BARROS LUCO.- Alejandro Huneeus.
 
 
12 de enero 1839. Batalla naval de Casma
Durante la guerra de Chile contra la Confederación Perú-boliviana, el mariscal Santa Cruz armó una flotilla de cuatro corsarios al mando del francés Juan Blanchet. Después de una primera correría amenazando el comercio marítimo frente a las costas chilenas, venciendo y hundiendo algunos transportes, a principios de enero de 1839, Blanchet zarpó con la corbeta “Edmond”, el bergantín “Arequipeño”, la barca ”Mejicana” y la goleta “Perú”, todos bien armados y con 300 hombres de desembarco, resueltos a abordar los buques enemigos.
En tanto, la escuadra chilena estaba en Santa a las órdenes de García del Postigo. A mediodía del 12 de enero, en circunstancias que la segunda división de la escuadra al mando capitán de navío Roberto Simpson con la “Confederación”, la “Valparaíso”, la “Santa Cruz” y un trasporte, se encontraba en Casma con el fin de proveerse de leña, un vigía situado en un cerro avisó la presencia de los buques de Blanchet que, a toda vela, se dirigían a la bahía. Simpson ordenó suspender la faena de leña, el reembarco de la gente que trabajaba en tierra y que se alistaran para el combate, al mismo tiempo que, por tierra enviaba un correo a Santa para comunicar a García del Postigo lo que ocurría.
Cuando los buques de Blanchet estuvieron a tiro de fusil, la “Mejicana” y la “Perú” abrieron fuego sobre la “Valparaíso” y la “Confederación”, mientras la “Edmond” y el “Arequipeño”, enfilaron hacia la “Confederación” con el objetivo de abordarla, produciéndose el choque en la proa de esta, desarbolándole el bauprés, pero fueron rechazados. Al desabaracarse, los buques de Blanchet no pudieron maniobrar y cayeron sobre la “Santa Cruz” que los recibió con vigorosa resistencia, logrando capturar al “Arequipeño”. El Arequipeño perdió a su comandante, 13 marineros de su tripulación y 70 de ellos cayeron prisioneros, muchos de ellos heridos. Los otros tres buques confederados, después de dos horas de combate resultaron con grandes averías y numerosas pérdidas, entre ellas la vida del comandante Blanchet, y abandonaron el puerto. Por las averías sufridas, los buques chilenos no pudieron perseguir al enemigo.
En Santa, tan pronto como el comandante García del Postigo tuvo conocimiento del combate salió en persecución de las naves enemigas, pero estas lograron ponerse al amparo en Callao. Poco después los buques confederados fueron desarmados y con bandera francesa se refugiaron en Guayaquil.
El combate de Casma aniquiló el poder naval de Santa Cruz, recuperando para Chile el dominio absoluto del mar.
Ocho días después se libraba la batalla de Yungay que significó el término a la Confederación Perú-boliviana.
Fuente: Historia Naval de Chile, Luis Novoa de la Fuente
 
13 de enero 1881. Batalla de Chorrillos
Desarrollada en el valle de Chorrillos, la batalla es una sucesión de tres combates: batalla de San Juan, asalto al Morro Solar y batalla del pueblo de Chorrillos.
Las fuerzas chilenas que ascendían a 14.000 soldados al mando del general Manuel Baquedano se enfrentaron a 20.000 peruanos al mando del Mariscal y presidente del Perú, Piérola. Reunidas las tres divisiones chilenas en la meseta de Tablada, se pusieron en marcha a la 3.30 horas, descubiertas por el enemigo a las 5 horas y atacadas inmediatamente. El combate se hizo general; a las 8 horas se ganaron las alturas del Morro Solar y media hora antes las alturas de San Juan. A las 9 horas el combate quedó centralizado en el pueblo de Chorrillos, desarrollándose la máxima intensidad de fuego a las 10 horas. A las 14 horas estaba terminada la acción, siendo las bajas chilenas 800 muertos y 2.500 heridos. De los 20.000 peruanos que entraron en combate, se registraron 6.000 bajas, aproximadamente, considerando 2.000 prisioneros no heridos. Se reunieron 8.000 en la línea de defensa de Miraflores y los restantes se dispersaron hacia la sierra, donde iban a servir de base a los ejércitos del interior y demorar la paz por tres años
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15de enero 1881. Batalla de Miraflores
 Miraflores era la segunda línea defensiva de Lima. Al respecto, el almirante francés, Du Petit Touars, que visitó el dispositivo defensivo en vísperas de la batalla, exclamó: “No hay ejército que pueda tomar esto”
El 14 de enero se creía en el cuartel general que la resistencia peruana estaba definitivamente quebrada
El Ministro de Guerra chileno envió emisarios a Piérola para concertar la rendición, pero el dictador este contestó que solo trataría con ministros autorizados. Baquedano y Vergara interpretaron la respuesta como evasiva para ganar tiempo y tomaron las medidas para atacar al día siguiente, Pero el cuerpo diplomático intercedió y se convino de palabra suspender las hostilidades hasta las 12 del día siguiente.
Las tropas chilenas no cubrían todo el frente, en el que apenas se encontraban 4.000 hombres de la división Lagos, pero tan cerca del enemigo que un disparo involuntario o incontrolado podía desencadenar la batalla como ocurrió. Instantes después los cañones y la infantería peruana rompían los fuegos sobre la división Lagos. Nunca se logró aclarar el origen de la descarga que desencadenó la batalla de Miraflores.
Después de la Batalla de Chorrillos, el ejército chileno ascendía a era de 20.000 hombres y 88 cañones; la sorpresa con que se inició la batalla impedía el desarrollo de cualquier plan. Además los soldaos se habían desperdigado por los campos vecinos, dejando sus rifles en pabellones o en el suelo. Las compañías desplegadas en guerrillas respondieron el fuego de las líneas peruanas, pero en el resto de la tropa se produjo una confusión indescriptible. Cuando pudo organizarse algo, los jefes chilenos suspendieron el fuego casi por un cuarto de hora; más como continuara del lado peruano, Lagos tuvo que aceptar la batalla, a pesar de contar con solo 4.400 hombres, formados en el campo raso, contra 14.000 atrincherados.
En un primer momento se pensó perdida la división de Lagos, pero esta logró reagruparse y en una segunda acometida, con los medios que llegaron a reforzar las líneas, se rompió el ala derecha peruana en dirección a Miraflores.
Jefes y oficiales hubieron de realizar grandes esfuerzos para conducir a sus tropas, extenuadas físicamente, al asalto de las posiciones peruanas. A las 6 de la tarde la batalla de Miraflores había concluido. El ejército chileno tuvo 2.124 bajas entre 10.000 participantes en la batalla. Las bajas contrarias se calcularon en 3.000, sobre una fuerza efectiva de 14.000 hombres, con el agravante que muchos heridos murieron abandonados, pues las ambulancias de ambos bandos no se atrevieron a recogerlos en el campo sembrado de minas.
Piérola tomó de inmediato el camino del interior, seguido de un reducido número de partidarios. En defecto de la autoridad, el alcalde de Lima, Rufino Torrijos, convino la rendición de la ciudad “en un plazo de 24 horas… para desarmar a las tropas que aún quedaban organizadas”.
 
16 de enero 1823. Cochrane deja el mando de la escuadra
En junio de 1822 de regreso a Chile con la escuadra de la expedición Libertadora al Perú, Cochrane solicitó licencia estableciéndose en su hacienda en Quinteros. Desde allí envió numerosas notas con interesantes glosas referidas a la escuadra y la prosperidad de Chile. No obstante, dada la situación interna y desoyendo las opiniones de Cochrane sobre el futuro de la escuadra, en diciembre de 1823 el gobierno decretó el desarme de la escuadra y licenció a sus tripulaciones.
Esta dramática decisión gubernamental, coincidente con la invitación que le formulara el emperador del Brasil para ponerse al frente de las fuerzas navales de su imperio, el almirante pidió y obtuvo se retiro.
Carta de despedidas del Almirante Cochrane:
Señor:
Tengo el honor de remitir a U.S. la insignia de mi mando y suplicarle que cuando la presente a S.E. el Supremo Director, le asegure, como yo lo hago a U.S., que mis sentimientos al momento de arriarla, quedan para que la penetración de S.E. los contemple; mi pluma carece de palabras para expresarlos. Sí, señor; esa es la insignia que ha vencido y destrozado a todos los enemigos del Pacífico debiendo su lustre al infatigable celo del alto almirante de Chile, y a los indecibles sacrificios del pueblo chileno.
Quiera el cielo que repose esa insignia de las victorias de Chile en las manos de su digno jefe supremo como un emblema de la seguridad que ha dado a Sudamérica; empero si ha de volver a desarrollarse; que tremole sobre enemigos vencidos, rendidos a jefes que sepan ser centellasen la guerra e iris en la paz. Hasta hoy esa bandera ha sido apreciada de los amigos, respetada de los neutrales y temida de los enemigos. Asegure U.S., también a S.E. que, si en algún tiempo las vicisitudes que visitan a la naciones se acercasen a mi país adoptivo, yo estaré tan pronto en ofrecerme a la lid de su defensa, como cuando tuve el honor de recibir sus primeras ordenes, y que nunca esquivaré mi brazo en la justa defensa de Chile y sus sagrados derechos”.
Acepte U.S., la más alta consideración y respeto con que soy S.M.A.S.
Cochrane, Quintero, Enero 16 de 1823.
Fuente: La Primera Escuadra Nacional por Antonio García Reyes 1846;             Editores: Gustavo Jordán Astaburuaga, Piero Castagneto Garviso 2018.
 
 
17 enero de 1881. Entrada a Lima
Una vez que las batallas de Chorrillos (13.01-1881) y Miraflores (15.01.1881) culminaran con victorias para las fuerzas chilenas, solo restaba ingresar a la ciudad capital del Perú, Lima.
El día 16 de enero, el alcalde de Lima, coronel Rufino Torrico junto a una delegación de diplomáticos, se presenta en el cuartel general de las fuerzas chilenas para rendir formalmente la capital de Perú, declarándola “Ciudad Abierta”. El siguiente documento es el acta levantada en aquella ocasión.
“En el Cuartel General del ejército chileno en Chorrillos, se presentaron, el 16 de enero de 1881, a las 2 p.m. el señor don Rufino Torrico, Alcalde Municipal de Lima; S.E. el señor de Vorges, Enviado Extraordinario y ministro Plenipotenciario de Francia; S.E. el señor Spencer St Johns, Ministro Residente de su Majestad Británica; el señor Stirling, Almirante Británico; El señor Du Petit Thouars, Almirante francés; y el señor Sabrano, Comandante de las fuerzas navales Italianas. El señor Torrijos que el vecindario de Lima, convencido de la inutilidad de la resistencia de la plaza, le había comisionado para entenderse con el señor General en jefe de ejército chileno respecto de su entrega.
El señor General Baquedano manifestó que dicha entrega debía ser incondicional en el plazo de 24 horas, pedido por el señor Torrijos para desarmar las fuerzas que aún quedaban organizadas. Agregó que la ciudad seria ocupada por fuerzas escogidas para conservar el orden”.
El lunes 17 de enero, una columna al mando del general Cornelio Saavedra, compuesta por los regimientos Buin N°1 de Línea, el regimiento Zapadores, el batallón Bulnes, tres baterías de artillería de campaña y los regimientos de caballería Cazadores y Carabineros, entraron en correcta e impecable formación a Lima. Por órdenes expresas del general Baquedano, la unidades marcharían con fusiles cargados al hombro y bayoneta calada, pero solo al redoble del tambor marcando el paso de la caminata o al ritmo de marchas de la época y pasodobles, evitando la entonación de compases de la Canción Nacional o del Himno de Yungay, símbolos tradicionales de la fuerzas chilenas. Con estas medidas, salvaguardando la seguridad de las tropas, se pretendía disminuir los sentimientos de humillación o deshonra del vencido ante el desfile de los invasores. Por tanto, el Ejército chileno solo se remitió a ejecutar una formación marcial y disciplinada que arranco la admiración y palabras de sorpresa entre los extranjeros presentes. Los habitantes locales, encerrados en sus casas, evitaron cualquier manifestación. Sin embargo, algo que llamo la atención a los soldados y oficiales chilenos. Ciertos sectores de la capital peruana, estaban destrozados, saqueados y quemados. La única explicación posible para estos desastres era que en el lapso comprendido entre la batalla de Chorrillos y el ingreso de las tropas chilenas a la ciudad de los virreyes, vale decir cuatro días, esta hubiese sido destruida por sus mismos habitantes, o bien, por solados peruanos derrotados, descolgados de sus unidades regulares y en completa dispersión.
Fuente: Mitos y Verdades de La Guerra del Pacifico, Rafael Mellafe M, Legatum Editores.
 
 
 
 
 
Diciembre 1836 - marzo 1839 Guerra contra la Confederación Perú Boliviana, 20 enero 1938. Batalla de Yungay
Las causas de la guerra de Chile contra la Confederación Perú-boliviana ocurrida son muchas; una trascendental fue precisamente la creación de la Confederación Perú-boliviana por el mariscal Andrés de Santa Cruz, quien apoyado por el ejército boliviano ingresó a territorio peruano y se autoproclamó Protector del Perú.
El mariscal Santa Cruz con la creación de la Confederación Perú-Boliviana pretendía recrear el gran imperio inca y con apoyo de disidentes, exiliados en Perú y Bolivia anexar territorios de Chile, Ecuador y Argentina.
El notable crecimiento de la marina mercante e intensa actividad portuaria de Chile despertaron recelos en Perú y una fuerte competencia por la supremacía del comercio marítimo en el Pacífico. Aun cuando a iniciativa de Chile se firmó con Perú un Tratado de Navegación, Comercio y Amistad por influencias de Santa Cruz. Ese tratado se derogó antes del año; asimismo, hizo subir los derechos aduaneros a la importación de trigo y estableció una tasa adicional de 20 % a las mercaderías extranjeras que hubieran estado depositadas en puertos chilenos. También influyó para que el gobierno del Perú -con la apariencia de arriendo- facilitara al general Ramón Freire, dos naves tripuladas por peruanos para viajar a Chile con la intención de derrocar al gobierno establecido. Alertado el gobierno de Chile capturó los barcos y Freire fue apresado, desterrado a Juan Fernández y luego a Australia.
La actitud de Santa Cruz hacia Chile se confirma en carta a uno de sus colaboradores en el Perú: “Negando nuestros mercados al comercio y a los frutos de Chile, y soltando media docena de corsarios que nada nos cuestan, aniquilaremos su marina mercante y pondremos en consternación a todos los productos y al gobierno mismo, cuyos únicos recursos de aduana disminuirán considerablemente”.
Diego Portales en su rol de Ministro de Guerra y Marina, estimando que la creación de la Confederación y actos inamistosos en contra de Chile propiciados por Santa Cruz eran un riesgo para la soberanía nacional, envió una flota al mando de Victoriano Garrido, quien en Callao apresó tres naves peruanas el 12 de agosto. Después de un intercambio de amenazas, se firmó un acuerdo redactado por Garrido estableciendo entre otras consideraciones, que las naves apresadas serían devueltas cuando se dieran suficientes garantías de paz.
 Considerando que las promesas de reparación firmadas por Perú no se estaban cumpliendo y no consideraban la disolución de la Confederación, el Congreso autorizó la declaración de guerra y se envió al Perú a Mariano Egaña, como negociador plenipotenciario, en una escuadrilla al mando de Blanco Encalada, quien al no recibir respuesta satisfactorias a las demandas del gobierno de Chile, el 28 de diciembre de 1836 entregó la declaración de guerra.
En septiembre de 1837, zarpó al norte la primera Expedición Restauradora con 3.000 hombres al mando de Blanco Encalada. Las fuerzas de Santa Cruz eludieron el combate; en tanto las fuerzas chilenas concentradas en Arequipa, sin encontrar el apoyo esperado de la población peruana y tras meses de inactividad, fueron sitiadas por el ejército de Santa Cruz. Este impuso a Blanco el Tratado de Paucarpata, mediante el cual Chile debía devolver los buques apresados por Garrido, se mantenían las medidas adoptadas por Perú para destruir la supremacía de Valparaíso en el Pacífico, el ejército expedicionario se comprometía a regresar a Chile y no se zanjaba la disolución de la Confederación.
 El Gobierno desconoció el acuerdo y despachó un destacamento naval al mando de Roberto Simpson a notificar la desaprobación del tratado. Después de una serie de escaramuzas, frente a las costas peruanas fue capturada la corbeta “Confederación”, con lo cual Chile aumentó su flota adquiriendo superioridad sobre la escuadra confederada y, temiendo que unidades peruanas pudieran amagar los puertos chilenos, regresó al sur.
El 10 de julio de 1838, zarpó desde Valparaíso una segunda Expedición Restauradora al mando del General Manuel Bulnes, compuesta de 5.000 efectivos y numerosos emigrantes peruanos, entre ellos Agustín Gamarra que había sido presidente del Perú y destituido por la intervención de Santa Cruz.
Bulnes desembarcó en Ancón y después de derrotar a la resistencia de Orbegoso, presidente de las provincias del norte, entró triunfante a Lima el 22 de agosto de 1838.
Mientras, el ejército chileno estaba debilitándose por efectos del clima en la capital peruana, Santa Cruz alistaba un poderoso ejército para enfrentar a los chilenos. Bulnes abandonó Lima y retiró sus tropas al norte. Santa Cruz entró a Lima y siguió a las fuerzas de Bulnes.
El 20 de enero 1839 cerca del pueblo de Yungay, Perú, se produjo un enfrentamiento en el cual es derrotado el ejército confederado, enfrentándose las fuerzas, al mando del mariscal Andrés Santa Cruz y el Ejército Restaurador, al mando del general Manuel Bulnes. Santa Cruz tenía 6.100 hombres y Bulnes 5.267, compuesto por 4.467 chilenos y 800 reclutas peruanos.
La batalla de Yungay se cuenta entre las más sangrientas en los anales de la historia americana. El ejército de la confederación tuvo 1.400 muertos y 1.600 prisioneros, casi todos heridos. El parte oficial del comando chileno sólo da cuenta de 229 muertos y 435 heridos, Gonzalo Bulnes, que recogió informaciones de su padre y otros jefes que participaron en la batalla, estima que las pérdidas de ambos lados fueron casi iguales.
El arrojo, valentía y tenacidad de esos chilenos que resistieron a difíciles condiciones climáticas y expusieron sus vidas sin titubear, dieron por resultado del triunfo del Ejército Restaurador.
El triunfo de Yungay puso término de la Confederación y el restablecimiento del presidente Agustín Gamarra. En tanto el ejército chileno, después de permanecer un tiempo en Perú para asegurar la estabilidad de sus autoridades, la primera división regreso a Valparaíso el 11 de julio y la segunda división con Bulnes a la cabeza, el 28 de noviembre de 1839.
La aptitud patriótica de los chilenos que combatieron y su desempeño heroico en la batalla de Yungay que luego los llevó a la victoria el 20 de enero de 1830, se conmemora año tras año como la Fiesta del Roto Chileno, fecha que es concebida como el símbolo de la consolidación de la nacionalidad chilena.
Gonzalo Bulnes, en una de sus obras, describe el ambiente en la recepción de los patriotas de Yungay: “El desembarco de la segunda división y del general en jefe en Valparaíso, tuvo lugar en medio de la ovación popular más entusiasta. El pueblo en masa, confundidos los rangos sociales, se precipitó al paso del vencedor de Yungay, agitando sus pañuelos, atronando el aire con sus vivas, cubriéndole de flores. Do quiera que se le viese, su camino era invadido por el pueblo y saludado con los más frenéticos aplausos.”
 
 
 
 
   22 de enero 1826. Chiloé se incorpora a la República de Chile
Al momento de iniciarse la lucha por la emancipación de Chile, Chiloé era una provincia dependiente del Virreinato del Perú, cuya función principal era servir de punto de recalada para descanso y reaprovisionamiento de las naves españolas que ingresaban al Pacífico. Durante la guerra de la independencia Chiloé se mantuvo leal a la corona de España y aportó casi un 20% de su población para integrar las fuerzas realistas en Perú.
En esta situación, gracias al espíritu de combate de sus habitantes y la hábil conducción política y militar de su gobernador el coronel español Antonio de Quintanilla, rechazó tres expediciones para su conquista y otras tantas ofertas del gobierno de la República de Chile instándola aceptar, en términos honrosos y sin derramamiento de sangre, la incorporación Chiloé a la naciente república.
Después de la batalla de Ayacucho, con la cual se puso término a la autoridad colonial en América y fueron disueltos todos los regimientos al servicio de la corona española, Quintanilla mantenía la esperanza de recibir refuerzos de España y rechazó una vez más toda posibilidad de armisticio, lo cual hizo necesario que Ramón Freire Director Supremo organizara una cuarta expedición libertadora de Chiloé (1825-1826 ), compuesta de la escuadra al mando de Blanco Encalada y cinco transportes con una fuerza de desembarco de 2.573 hombres. A fines de diciembre zarpan en forma escalonada las diferentes naves que componen la expedición; con anterioridad había zarpado la Chacabuco con intención de lograr un acuerdo, el que fue rechazado por Quintanilla con la amenaza que todo aquel que desembarcara en la Isla seria fusilado.
El 8 de enero según convenido, los medios navales se reúnen a 10 leguas al oeste de punta Huechucucui. “El 9 de enero de 1826 fondeaba en la bahía del Ingles después que una columna de desembarco de 60 hombres logró silenciar una batería de cuatro cañones que defendía la punta de la Corona. Entusiasmado con este triunfo, Freire quiso fondear esa misma tarde en Ancud; pero disuadido, por Blanco, Borgoño y Beauchef, se convino continuar el desarrollo del plan ya concebido. El 10 por la mañana desembarco el Ejército y, en la noche, dos columnas atacaron los fuertes de Agüi y Balcacura respectivamente al mismo tiempo que la Escuadra forzaba el paso frente a Agüi. Blanco guiaba sus buques desde la toldilla del “Aquiles” y le seguían la “Independencia” la “Chacabuco” y el “Galvarino”. La arboladura de la nave capitana fue derribada por las balas enemigas, sin que ninguna alcanzara al Almirante. Sin recibir daños de consideración, fondeaba la Escuadra frente a Balcacura, así la fortaleza de Agüi quedaba aislada por mar y por tierra. El Ejército fue trasportado por mar desde Balancura a Lechagua y ahora, todo unido, marcho sobre Ancud, acampando a poca distancia de la ciudad. En la noche los 13, los botes de la Escuadra atacaron las lanchas cañoneras que estaban en Ancud y el día 14, las mismas lanchas tomadas al enemigo sirvieron para proteger nuestro Ejército que se situó por el lado del mar, logrando hacer evacuar a los españoles sus posiciones. Nuestras tropas, apoyadas por las mismas lanchas, pudieron avanzar y tomarse la ciudad después de las batallas libradas a orillas del Río Pudeto y alturas de Bellavista. Al día siguiente, capitulaba el fuerte Agüi y el general Freire acordaba a Quintanilla una honrosa capitulación que fue firmada el 18 de enero, con cuyo acto el poder español quedaba anulado en el sur del Pacífico y libre el país de enemigos a contar desde el 22 de enero de 1826.
La incorporación del territorio de Chiloé al resto de la República se alcanzó especialmente a los refuerzos de Blanco Encalada, jefe de la Escuadra, de Beauchef y Borgoño que fueron los héroes de la jornada”. (1)
1.- Historia Naval de Chile Luis Novoa de la Fuente (Cuarta expedición. Liberación de Chiloé)
 
28 enero 1823. Abdicación de O’Higgins
El 28 de enero de 1823, culminó el período en que la joven nación estaba viviendo un ambiente de tensiones por discrepancias entre la aristocracia y el director supremo, que trataba de organizar el país en formación. Una guerra civil parecía en ciernes pues la sociedad estaba agitada.
O’Higgins había sido designado director supremo, cargo que consignaba la constitución de 1818, el que ejercería junto al senado y el poder judicial. En la práctica, O'Higgins ejerció los tres poderes, por lo que la aristocracia manifestó su desaprobación a dicho proceder.
Los descontentos se sumaron en su contra, incluso Ramón Freire encabezó un movimiento, lo que se agregó a las acusaciones que recayeron sobre él por la muerte de los hermanos Carrera y Manuel Rodríguez, más desavenencias con la iglesia católica, y prohibiciones que impuso sobre actividades como las peleas de gallo, y los intentos del Padre de la Patria por evitar la práctica del mayorazgo, entre otras de sus concepciones acerca del desarrollo de la nación.
Fue así como O’Higgins al mediodía del 23 de enero se presentó al cabildo donde según aparece en el libro de Barros Arana, Mariano Egaña le expresó: “El pueblo, señor, dijo, estima en todo su valor vuestros importantes servicios, y mira a V. E. al padre de la patria; pero vista la penosa situación porque ella atraviesa, y los peligros de una guerra civil y de la anarquía destructora que la amenaza, os pide respetuosamente que pongáis remedio a estos males dejando el alto cargo que habéis ejercido.
Así se determinó la petición a O’Higgins para que dejara el poder, que ejerció con firmeza; su puesto como mandatario queda a manos de una junta integrada por Agustín de Eyzaguirre, Fernando Errázuriz y José Miguel Infante.
El abdicado director supremo entonces se dirigió a los presente diciendo: Si no me ha sido dado, dijo, dejar consolidadas las nuevas instituciones de la República, tengo al menos la satisfacción de dejarla libre e independiente, respetada en el exterior y cubierta de gloria por sus armas victoriosas. Doy gracias al cielo por los favores que ha dispensado a mi gobierno, y le pido que proteja a los que hayan de sucederme.” Barros Arana continúa el relato diciendo que O’Higgins se quitó la banda y la dejó sobre una mesa, antes de continuar con su discurso, en el que expresa: “Ahora soy un simple ciudadano. En el curso de mi gobierno, que he ejercido con una grande amplitud de autoridad, he podido cometer fallas, pero creedme que ellas habrán sido el resultado de las difíciles circunstancias en que me tocó gobernar y no el desahogo de malas pasiones. Estoy dispuesto a contestar todas las acusaciones que se me hagan; y si esas faltas han causado desgracias que no pueden purgarse mas que con mi sangre, tomad de mi la venganza que queráis. Aquí está mi pecho.”
O’Higgins, luego de abdicar, viajó a Valparaíso para, tras unos meses se autoexilió en Perú, donde falleció en 1842.
Antes de partir O’Higgins dejó una carta a los chilenos en la que dice:
Compatriotas: ya que no puedo abrazaros en mi despedida, permitid que os hable por última vez. Con el corazón angustiado y la voz trémula os doy este último adiós… El sentimiento con que me separo de vosotros es comparable a mi gratitud. Yo he pedido, yo he solicitado esta partida, que ahora me es tan sensible, pero así lo exigen las circunstancias que habéis presenciado, y que yo he olvidado para siempre. Sea cual fuere el lugar adonde llegue, allí estoy con vosotros y con mi cara Patria; siempre soy súbdito de ella y vuestro conciudadano. Aquí os son ya inútiles mis servicios, y os queda al frente el gobierno que pueda haceros venturosos. El congreso va a instalarse, y el secundará sus esfuerzos; vuestra docilidad los hará provechosos. Debéis recibir en breve sabias instrucciones acomodadas en el tiempo y a vuestra posición social; pero serán inútiles, si no las adoptáis con aquella deferencia generosa, que prestaron a Solón todos los partidos que devoraban a Atenas: ¡quiera el cielo haceros felices, amantes del orden y obsecuentes al que os dirige…! Virtuoso Ejército: compañeros de armas: llevo conmigo la dulce memoria de vuestros triunfos, y me serán siempre gratos los que la Patria aún espera de vosotros para consolidar su independencia
Valparaíso Julio 17 de 1823