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COVID-19: UN DESAFÍO SERIO
No contribuyen quienes buscan ganar espacio presentando objeciones sin base científica
El Mercurio, Editorial, 21/03/2020

 

El Sistema Nacional de Servicios de Salud enfrenta hoy el desafío de mostrar resultados ante la pandemia del covid-19. Se trata de un reto que ha puesto a los países más ricos del mundo y a los mejores sistemas sanitarios en graves problemas, con altas cifras de contagio y temibles tasas de letalidad. En Chile, se ha respondido con seguridad y decisión y, gracias a la experiencia de los primeros países afectados, se ha logrado hasta el momento un importante grado de control de la expansión de la epidemia. Según se ha podido establecer, la velocidad de contagios llega a duplicarse cada dos o tres días si solo se aplican medidas corrientes, como serían las de una Operación Invierno. En solo dos países se ha logrado en las primeras fases dilatar el plazo de duplicación a más de una semana: Japón y Singapur.

 

La crisis ocasionada en la sanidad es de graves proporciones, lo que ha causado serios problemas en todo orden de actividades, amenazando con una parálisis de la economía que no haría sino agravar la situación. Pocas veces en la historia, la humanidad se ha visto enfrentada a un peligro tan real y, desde luego, es la primera vez que las generaciones actuales viven una amenaza semejante. Desde tiempos inmemoriales las pestes han creado grandes tensiones en las sociedades. En la búsqueda de las causas y explicaciones habían predominado razones de orden religioso, pero esta vez, revelando cambios históricos, se aprecia un enfoque científico. Sin embargo, siempre se ha buscado encontrar un culpable, lo que genera incluso discursos racistas. Las medidas que adopta la autoridad son siempre duras y resistidas, pero en contadas ocasiones se habían visto decisiones tan drásticas como las adoptadas por China para detener la plaga.

 

Las diversas reacciones de las autoridades y de los equipos de salud influyen en el curso de la epidemia, como quedó demostrado en la gran influenza de 1918 con las diferentes reacciones de las ciudades, algunas de las cuales fueron más enérgicas —como el cierre temporal de los colegios— con muchas menos muertes que otras. Pero la experiencia histórica también demuestra que la certeza en la predicción del curso de la enfermedad es muy limitada. Para algunos expertos, esta epidemia puede alcanzar proporciones catastróficas a nivel planetario, pero la mayor parte de las veces se ha errado más por un exceso de pesimismo que de optimismo.

 

En Chile, con una autoridad sanitaria bien definida y capacitada, el ministro de Salud, que cuenta con el respaldo de todo el aparato del Estado, encabezado por el Presidente de la República, la respuesta ha sido la que corresponde: se ha actuado con prontitud cerrando temporalmente muchas instituciones que reunían público, se ha limitado la aglomeración de personas, se ha comunicado en forma clara lo que está ocurriendo. No parecen contribuir a resolver las dificultades otras autoridades que tratan de ganarse un espacio, comentando cada decisión y presentando objeciones sin bases científicas ni mayor experiencia. La población sabe que cuando la situación es grave, es la autoridad central la encargada de dirigir las operaciones.