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General Manuel Jesús Baquedano González que dirigió con orgullo a sus queridos soldados a los triunfos de Los Ángeles, Tacna, Arica, Chorrillos y Miraflores.
Hoy, el General Manuel Jesús Baquedano González, antes de aclarar, con la mirada perdida entre las calles y parques que rodeaban su hogar, echó a volar sus recuerdos, especialmente esos que le quedaron durante la guerra del Pacífico, en que tuvo el orgullo de dirigir a sus queridos soldados a los triunfos de Los Ángeles, Tacna, Arica, Chorrillos y Miraflores.

 

Recordó luego los tiempos después de su muerte, en que los hijos de los soldados que lo acompañaron, juntaron peso a peso para erigir un monumento a su patriotismo, el mismo que la indiferencia del Estado le había negado.
Después se vinieron a su mente los recuerdos, en que ahora los nietos de sus queridos soldados que lo acompañaron en los campos de batalla, iban junto a él a compartir cada triunfo, tanto individual como partidista o deportivo. El sonreía para sí, agradeciendo que el pueblo hiciera resonar como en sus tiempos los hermosos viva Chile.
De pronto todo cambio. Un día de octubre se llenó su lugar de miles de personas, y pensó... otra victoria para compartir con mis compatriotas. Pero esta vez sería distinto; los bisnietos de los victoriosos de antaño, comenzaron a olvidar la historia de su país, la historia que con orgullo sus ancestros llevaban en su corazón, los principios, dignidad y valores entregados en el hogar y guiados por antipatriotas cambiaron la tricolor y comenzaron a destruir. Miró con desesperación como lo primero que hicieron fue atacar a su querido soldado que hacía la guardia eterna junto a él en el monumento, el mismo que representaba a los ancestros de los saqueadores.
El tiempo pasó y siempre, a pesar de todo se mantuvo sereno y orgulloso, orando por un país que tanto amó.
Vandalizado una y otra vez, solo miraba con tristeza, en qué se habían convertido sus compatriotas y más de una vez debió llamar la atención a su fiel caballo, que no pudo aguantar las injusticias y derribo a uno que otro atacante.
El general invicto, sigue victorioso, sin mancha. No lo lograron botar, a pesar que hicieron lo posible con violencia unos y con indiferencia otros.
Hoy, 12 de Marzo de 2021, y al ver que su fiel soldado atacado más de un año atrás no volvía, decidió ir a su encuentro, y junto a su fiel caballo Diamante, miró por última vez las calles que tanto amó y emprendió un camino hacia un futuro desconocido, donde espera que Chile se una nuevamente en busca de un futuro mejor para el país, un futuro en que, como en 1879, el país sea solo uno, para todos y tras la única bandera, la tricolor, la de la estrella solitaria.
 
Mauricio Pelayo González
 
Un hombre solo muere cuando se le olvida.