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LIBROS NEGROS PARA HISTORIAS ROJAS por Humberto Julio Reyes
Las opiniones en esta columna son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de la Unión de Oficiales en Retiro de la Defensa Nacional
Requiere valor realmente difundir lo que ha sido este fiel vasallo del comunismo soviético que, gracias a la generalizada ignorancia de su quehacer de más de un siglo, pretende hoy en día por boca de sus dirigentes ser “el partido más institucional y democrático de la historia de Chile”.
 

 

Años atrás y gracias a una larga y minuciosa investigación de un equipo de historiadores pudimos enterarnos con cifras de algo que muchos sólo sospechábamos.

Me refiero al “Libro negro del comunismo” y a los 100 millones de muertes que esta perversa ideología habría causado buscando el paraíso en la tierra como producto de la implantación de la dictadura del proletariado.

Sin embargo, en el concierto mundial y como es lógico, los efectos en nuestro país no parecía importantes y, naturalmente, la información no parecía relevante.

Han pasado los años y al fin ese aparente vacío ha sido llenado nada menos que por la pluma de alguien que conoció desde el MIR al comunismo chileno y que actualmente es considerado un converso con todo lo que ello significa, comenzando por su descalificación por parte de quienes, tozudamente, siguen practicando un culto siniestro a la fracasada ideología.

Requiere valor realmente difundir lo que ha sido este fiel vasallo del comunismo soviético que, gracias a la generalizada ignorancia de su quehacer de más de un siglo, pretende hoy en día por boca de sus dirigentes ser “el partido más institucional y democrático de la historia de Chile”.

Entro en materia.

Tuve inicialmente cierta dificultad para comprar un ejemplar ya que lo encontré agotado en varias librerías de cadena, algo sorprendente dado que no aparece entre los más vendidos desde su lanzamiento pero, finalmente, pude comenzar a leerlo y disfrutarlo.

Aunque conocía por boca de mis antepasados algunos poco democráticos antecedentes de los primeros años del Partido Comunista Chileno, también he encontrado desconocidos detalles que hoy cobran especial vigencia.

No me pretendo historiador, sólo un aficionado a la Historia, así que puedo confesar sin vergüenza que ignoraba que en 1934 este partido intentó promover la creación de una República Mapuche Araucana, aprovechando el ”levantamiento revolucionario de los obreros, campesinos e indígenas” en Lonquimay, episodio conocido como Ranquil.

La idea venía siendo promovida por el Partido Comunista chileno desde hacía algunos años pero habría tomado por sorpresa incluso a los líderes mapuches.

Pretendía el Partido transformar el levantamiento de Lonquimay en una especia de foco guerrillero o zona liberada que fuera la antesala de una insurrección mucho más amplia.

¿Ha escuchado el paciente lector algo parecido en años más recientes?

Un ejemplo de persistencia que, por una parte, hoy día sufren quienes habitan pacíficamente una parte importante del territorio nacional y, por otra, pareciera rondar permanentemente las deliberaciones para redactar un futuro texto constitucional.

Conviene agregar que antes de la intentona mencionada hubo otros tres episodios que desmienten la pretendida vocación democrática del PCCH.

En 1931 fue promovido directamente el episodio llamado “Pascua trágica” y se intentó aprovechar la sublevación de la marinería para derrocar el gobierno mientras que en 1932, reaccionando contra la efímera República Socialista de Grove, se creó un también efímero soviet bajo el nombre de Comité Revolucionario de Obreros y Campesinos que intentó imponer una dictadura del proletariado.

Veamos algunas de sus causas de lucha:

“Entrega de la tierra a quien la trabaja y la devolución de la tierra habitada a los indios, pudiendo estos constituir independientemente la República Araucana; disolución del Cuerpo de Carabineros; armar al proletariado; amnistía para todos los presos y procesados por cuestiones políticas y sociales; reconocimiento de la Unión Soviética.”

Nuevamente, ¿algún parecido con lo que hoy vivimos?

No es mi intención resumir el libro, sólo destacar la evidente mantención de los objetivos a través del tiempo y destacar que la pretendida vocación democrática no es otra cosa que una forma de negacionismo, concepto hoy tan manoseado.

Concluyo recomendando la lectura de “El libro negro del Comunismo Chileno”, otro libro manchado con la sangre de inocentes, cuyo autor es Mauricio Rojas.

 

27 de sept. de 21